domingo, 21 de febrero de 2010

Oscilaciones Somníferas

Todos preocuraban decirme que hacer, en que momento exacto salir de mi casa, en que momento preciso lavarme los dientes, cual sería la programación que vería al encender la televisión y a que hora debía apagarla.

Yo no había decidido nada, sin embargo, ellos sí lo habían hecho por mí. Desde temprana edad viví mi vida con aparente normalidad, todos los sucesos que ocurrían en ella estaban igualmente programados. Desde la duración de mi lactancia hasta la muerte de mis abuelos.

Mas, en cierto punto, no puedo especificar cuando cada noche, cuando me disponía a pernoctar, algo ocurría, visualizaba un mundo al que no pertenecía, mi propia realidad, también visualisaba otro mundo del cual ya no era parte, una ficción irreverente que me asustaba.

En aquel mundo no era yo, no era nadie, y sí era alguien. La bebida alcoholica que en la realidad, o en mi ficción, jamás había tomado yacía en la palma apretada de mi mano, esperando a ser ingerida a sorbos, para luego dar paso a otra botella más de alcohol.

Fue en ese exacto punto, cuando mi realidad empezó a variar. No me reconocía en aquel sueño tan vívido, más bien, aquel que veía en el espejo no era el mismo de aquel espejismo provocado por mi sueño.

Desde entonces no pude dormir del mismo modo, cada día, que transcurría en la normalidad de la rutina, por las noches se tornaba en un accidentado sueño, lleno de profundas reflecciones que me despertaban con brusquedad. Y me dormían subitamente.

Desde que me dejo ella mi vida empezó a joderse, yo mismo me propuse jamás llegar a estar jodido por una mina, ¿entiendes lo que digo?, o sea, al principio pensaba en ella como pienso de todas las mujeres. Tirarme a una mina fácilmente, digo, cuando empecé con ella seguía frecuentando otras chicas, en ocaciones incluso chicos, nunca le hice asco a nada. Atribuyo mi debilidad, muchas veces representada en los libros, a la edad, la madurez, el momento en que empecé a crecer y aquel repugnante párasito se aferró a mí, un mal que jamás había conocido. ¿Amor? Prefiero llamarlo cegación, completa perdida del juicio y del razonamiento provocada por un objeto de gigantesco atractivo. ¿Te recuerda algo, Berenice?

Maldito concierto de los White Stripes. Si no te hubieses visto tan jodidamente caliente ni si quiera me hubiese detenido en tus ojos. La botella de Whisky ahora ya vacía caía de mi mano, ¿otra vez estos sueños súbitos? Aquella realidad me parece hermosa, tan asquerosamente perfecta. Una ficción que... luce tan real.

Y al despertar otra vez aquella desagradable sensación, una que no te puedes quitar en todo el día, como cuando un sabor poco agradable se pega, se inserta en las papilas gustativas de tu lengua y incluso después de varios tragos de agua y veinte lavados de dientes es imposible repeler. Así me encontraba.

Me tomé un tiempo libre del trabajo, todos mis compañeros se veían notoriamente preocupados por mí. Y no podía seguir soportando sus miradas. Necesitaba tiempo para continuar sumiendome en aquellas enfrascantescas reflexiones.

¿Era algo que le faltase a mí vida? Aquella desagradable monotonía parecía cada vez estár rompiendose más. Aquella noche no estaba de ánimos de dormir. Sin embargo seguía sufriendo de aquellos súbitos desmayos.

Me seguía agitando durante algunos segundos con la imágen mental de cuerpo de Jane en mi cabeza, sus caderas moviendose al compás de mis movimiento. A veces arriba, a veces abajo, por el lado que fuese. Gemí para concluír y miré la viscosidad en mi mano de manera vacía. Nada y una mierda.

Tal vez era momento de hacer algo, por primera vez en mi vida hice algo que tal vez no estaba tan premeditado, salí en mitad de la noche de mi departamento. Allí no había nadie que me diese ordenes, pero no por eso no era regido por nadie.

¿Estaba haciendo algo por mí mismo ahora? ¿O lo hacía por él? El bar olía a sudor, en el escenario una banda underground cuyos miembros parecían estár bajo la influencia del éxtasis tocaban fréneticamente lo que parecía un estrepitoso y caótico drum & bass, caminé lentamente observando a todos los que se encontraban en el bar, ninguno parecía mirarme a mí, todos estaban enfrascados en lo que hacían. En la esquina un tipo hablaba con otro al oído, este le pasaba unas pastillas y el otro las ingería con tragos de Vodka para luego dirigirse a la pista de baile y moverse moviendo los brazos como si estuviese sufriendo de un ataque epileptico.

Me acerqué más a la pista de baile sin estár seguro de lo que hacer, miré a mi alrededor. Había una chica que me ponía, llevaba los pantalones ceñidos y el pelo largo y rubio. También había otra castaña que llamaba mi atención, y un tipo alto que hablaba con ella que también me parecía atractivo. Pero, la programación empezó a actuar, súbitamente sentí el deseo de salir corriendo de allí, de correr, continuar el prágmatismo que había ceñido mi vida hasta el momento, pero, otra parte de mí me lo impedía, aquella que recordaba la serie de situaciones que habían desatado el que yo me encontrase allí, en ese momento ya nada cobraba sentido, pero parecía lo correcto, al menos para mí.

Me acerqué a la barra y pedí lo más fuerte que tuviesen, luego me dirigí hacía el tipo que estaba antes en la esquina y le hable con el alcohol corriendo por mis venas. «¿Qué clase de mierda vendes?» Le pregunté al tipo que, a todo esto, lucía bastante lúcido, los negocios no se mezclan con el placer, pensé. «Éxtasis, Crystal Mets, Anfetaminas y un par de Valiums» Los Valiums serían ideales, para no tener que sentirme tan como la puta mierda en la mañana. Pero tenía unas jodidas putas ganas de meterme dentro lo que fuera con tal de que por mis poros la represión saliese, húmeda como el sudor. Deseando que aquella liberación me hiciese nuevo. «Mira, si quieres fumar algo aquí no tengo nada, así que puedes irte a la cresta» Estaba indeciso, pero me incliné por el éxtasis. Despues de la transacción y la ingesta de la droga sentí de inmediato como esta empezaba a funcionar, entré en la pista de baile y me comenzé a mover tan frenéticamente como la música de los críos. Sentía como por cada uno de mis poros el sudor caía, no eran sólo secrecciones que me liberaban de toda la mierda que había consumido desde que nací. Me hacía sentir como nuevo.

Creo haberme tirado a aquella noche a dos minas al mismo tiempo. Ménage Tróis dude, vaya manera de pasar el rato, no necesitaba pajearme otra vez con la misma mierda, ¿Jane quién?

Ahora duermo bien, pero sigo pensando en el delicado equilibrio de los sueños, me sigo preguntando, ¿cual es la realidad?, tal vez aquellos sueños que a veces no tienen sentido no sean sólo ficción si no la verdadera realidad, y nosotros vivimos en una ficción de la que no queremos despertar.

Paranoícamente, a veces, aún me siento con una botella de whisky en la mano, y me masturbo pensando en ella, o en él, o en todos ellos que han pasado.

Paranoícamente, a veces, aún sigo atrapado en la rutina. Aquella que los otros han forjado, miento, los otros es como llamo a mi imágen en el espejo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Tiempos Venidores (Modernos)

Los primeros en descubrirlo fueron los más jovenes, entendían mejor el sistema y la información les llegaba siempre en instantes, los más viejos se enteraron con mayor lentitud, a estos se les hacía dificultoso el recibir la información ya que debían oirla de la radio o utilizando pequeñas antenas con las que interceptaban el mensaje emitido.
Sonaba en todas las radios, todas las ondas de frecuencias mayores y menores, en todos los aparatos y todas las redes lo único que se oía era el intermitente mensaje.
Rápidamente todos los que pudieron se acercaron al punto de concurrencia, los que ya estaban ahí observaron la escena con cierta melancolía. Vivían de ellos, y ahora que ya no habían, no eran nada.
Pronto, en cada punto asignado, cementerio, un montón de viejos cacharros que con esfuerzo habian llegado y otro montón más númeroso de jovenes cuyas mantenciones al día les ayudaban a llegar con mayor rápidez se conglomeraron esperando; Esperando a que nada sucediese.
Uno de los pocos, más cercanos, que tenía manos y piernas, incluzo cabeza. Se encamino por la colina que llevaba al punto más alto del cementario. Depositó un manojo de cables.
Ya que no podían llorar, el cielo los hizo por ellos. Eran lagrimas que anunciaban la libertad, habían muerto, eran libres.

sábado, 31 de octubre de 2009

Maravillosas Ocupaciones: Piernas Dormidas

Empecé a probando la Abstracción, pero me aburrió después de que, tras una visita al zoologico, no consiguiese desaparecer un elefante. A partir de ese momento, comenzó mi busqueda de aquella perfecta ocupación.


Pero no paso mucho sin que me diese cuenta de que aquello que realmente amaba, era algo que venía haciendo desde hacía ya mucho, aquella placentera acción que sucedia en el momento en que apoyaba ambas rodillas en el asiento delantero de la micro. El momento en que ambas piernas se adormecían.

Todo sucedia lentamente, la presión esfingomanometrica empezaba a apoderarse de mis extremidades con extrema quietud, al principio el hormigueo era poco notorio, pero con la presión muscular correcta por mis piernas corria aquella encapsulante sensación de ablandamiento, ligereza.

Aprendí a disfrutar de esto cada vez que subía en la micro, y pronto comezé a usar ambas piernas en lugar de sólo una para disfrutar de aquella deliciosa sensación, no fue hasta que empezé a tomar el transporte publico de manera excesiva y en los momentos menos adecuados cuando me dí cuenta de que había adoptado esta obsesión como un modo de vida.

Pero comenzé a sentirlo rutinario, y empezó a aburrirme como mi anterior ocupación. Fue entonces cuando decidí empezar a adormercer mi brazo apoyando el codo en la ventana. La sensación que esto me producía era bastante más insignificante que la que me producía las piernas, pero convinadas con estas sólo podía compararse con un pequeño Nirvana en la tierra.

Me dí cuenta de que aquella sensación podía ampliarse utilizando el otro codo, pero la única manera de lograr que mis cuatro extremidades se posaron era utilizando al pasajero del asiento de al lado como soporte de mi codo.

Fue durante la primera vez que lo intenté que me sacaron por primera vez de una micro, ¿Por qué? Si tan solo lo había intentado cinco veces con la fuerza necesaria, no tenía que ir el pasajero a hablar con el conductor.

A pesar del pequeño accidente, seguí esperando a que otro pasajero se pusiese a mi lado para intentar buscar aquella sensación, mientras tanto seguía realizando aquella pequeña ocupación tan comparable al Nirvana.

Mas, incluzo ahora sigo guardando las esperanzas, ya que incluzo después de muchos ojos morados, doy por sentado, que sentado, todo es posible.

jueves, 15 de octubre de 2009

La Sinfonia

Lo primeró que sentí fue un remezón que recorrió todo mi cuerpo, sentí como si lo moviesen de su lugar, pero manteniendolo en la misma pocisión, me encontraba quieto, tan quieto como si jamás me hubiesen movido. Aquel movimiento trajo consigo una sensación de ligeresa a todo mi cuerpo que se sintió agradable hasta un punto casi peligroso.

Tal vez jamás me movieron, tal vez siempre estuve en el mismo lugar, no lo sé, sólo sabía que no podía recordar el último lugar en el que parecía haber estado, me reusaba a abrir los ojos debido a que la luz parecía ser muy fuerte así que los mantuve cerrados y me dediqué a tratar de recordar aquel lugar.

Humedad... era eso lo único que recordaba de aquel lugar que ahora me parecía más onírico que el sueño en el que me parecía estár. Realidad, tal vez aquella realidad, ese concepto vago que ahora no podía recordar totalmente bien era aquel sueño que me alejaba de la verdadera realidad que vivía en aquellos trances.

Aquella humedad eran ciertamente, tan solo un retazo de información... una pincelada fría de un pintor inexperto en mi memoria.

Mis intentos por recordar se vieron frustrados por la siguiente cosa que reparé de mi entorno, de a poco, con suavidad la música de un arpa glaciar penetró mis oidos. Era lenta... pausada y fue entonces cuando por primera vez me decidí a abrir mis ojos para observar con mayor claridad de a donde provenía, si es que provenía de algun lado.

Poco a poco me incorporé y empecé a abrir los ojos con lentitud. Al hacerlo... pude divisar en aquel fondo luminoso una fuente, aquella fuente era hermosa y estaba incrustada en piedras blancas, toda la fuente lucía inmaculada y de ella brotaba agua cristalina de color doraceo. Con asombro descubrí que el agua que caía era la música de aquel Arpa glaciar.

Parpardie otra vez y perplejo noté como el agua se tornaba plateada, con rápidez empezó a crecer al costado izquierdo de aquella fuente un gigantesco árbol de tronco y ramas plateadas... con hojas plateadas y un ave del mismo color y de inigualable belleza nació de una hoja. El ave empezó a cantar, pero en vez de trinos... la majestuosa ave cantaba como una dulce celesta, contrastando con la fría Arpa, mezclandose...

Fue entonces cuando traté de levantarme, deseaba alcanzar aquella ave, tocarla a pesar de que se viera tan lejos. Su hermosura me atraía de manera increible. Pero noté con asombro que parecía estar pegado al piso, y a pesar de mi ligereza no podía levantarme. Me empecé a arrastrar por el suelo, y no pude evitar volver a parpadear cuando mis ojos se vieron demasiado cegados por la luz.

Me costó abrir los ojos por segunda vez, pero mientras los mantenía cerrados por el dolor empecé a escuchar el sonido de un Cello, que cada vez sonaba más estridente hasta el punto de ir opacando cada vez más el canto del ave, hasta que fue cortado por un doloroso violín que penetró con fuerza mis canales auditivos. Al abrir los ojos miré con horror como del manantial brotaba agua tan cristalina como la anterior, pero teñida en rojo.

El violín seguía sonando, cada vez con más fuerza, cada vez de manera más dolorosa. Me arrastré con dificultad hacia la fuente hasta que finalmente llegué a ella sin siquiera haber vuelto a parpadear.

Al mirar al interior observé al ave, al avé muerta dentro de ella. Con un agujero en su pecha, como hecho por un arco.

Empecé a parpadear, ahora con desesperación. Como pensando en que finalmente aquella sinfonía daría final, pero sólo consegía que las tonalidades del agua variacen de carmesí a borgoña, cada vez más oscuro hasta llegar al negro.

Entonces lo vi todo negro, y sentí humedad... humedad de un recuerdo hecho realidad, sueño hecho realidad, o sueño hecho recuerdo. Observé con desesperación a todos lados, como creyendo que encontraría cerca al ave plateada muerta... la fuente de númerosas tonalidades... pero sólo encontré cientos de hojas esparcidas por escritorios.

Entonces lo comprendí, observé las partituras y sonreí.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Refugio Onírico I

Refugio Onírico I

Mi mar lejos – escondido por los demás

Vive intranquilo, sus corrientes se lo llevan

¡Me atemoriza¡ Maldito espejismo

Ansio la realidad más que el sueño que me ofreces

-----

En mi refugio onírico

Mi mar es más salado – pero menos azul

Como nuestros cielos, amarillos

Es el mar, sin fondo, mas, nada mas que un espejismo

-----

Tu sueño vivído es corriente en mi mar

Tu sueño vivido, maldito espejismo

Probablemente lo has escondido

Para solo mostrarmelo a mí

-----

Pero eres corriente, no temple

Tu sueño vívido me atemoriza

Hace mi mar más azulado

Y ¡Me atemoriza! Maldito espejismo

-----

Por que eres corriente

Y no temple

Mi mar seguirá siendo solo un espejismo

En tus sueños.

domingo, 23 de agosto de 2009

Peso

"Dios es grande, demasiado grande."
Carta de un Suicida, Cosa muerta con ojos danzantes
Gina Hasbún

Pesada, se sentía pesada la chaqueta que me cubria del frío. No sabía por qué salía a estas horas de mi casa, de la comidad que representaba la chimenea encendida y el agua calentandose en el termo. No nevaba, jamás lo hacía, pero una intermitente lluvia caía sobre la ciudad, una lluvia tupida, una lluvia que nublaba mi vista a través de los anteojos.

Mi saco se hacía cada vez más pesado mientras deambulaba por la calle, que a estas horas estaban vacías, calles ni si quiera rondadas por el mal.

Aún así empezé a sentirme con cada paso más inseguro, como si alguien, invisible, me estuviese siguiendo, alguién que a pesar de mis paranoicos intentos no podía vislumbrar.

Entonces, rápidamente empecé a sentir miedo y la pesadez de mi saco se volvió tan insoportable que no pude seguir cargándolo. Rápidamente me deshice de él y lo deje tirado en la acera, pero, no pude evitar aterrorizarme cuando el peso seguía sintiéndose sobre mis hombros. La paranoia se volvió cada vez más constante, mi respiración se agitaba y sentía como iba palideciendo. No, no me iba a ganar, empecé a correr, tratando de sacar el peso de mis hombros que además se acrecentaba con el peso de la lluvia, intermitentes gotas cayendo cada vez más rápido.

El peso no daba tregua, me aplastaba todo el cuerpo, incluso mi pecho, que súbitamente empezaba a doler, era insoportable. Al llegar al dintel de mi puerta, desesperadamente intenté buscar las llaves para abrirla.

Fue entonces cuando recordé que las había dejado dentro del saco, mi primer pensamiento fue volver atrás para recuperarlas, pero para entonces, ya no podía seguir soportando el peso.

jueves, 30 de julio de 2009

Nueva vida

Había dejado mi sufrimiento atrás, todas mis preocupaciones con mi vieja piel. Me desise de todas mis maldiciones y cumplí el verdadero sueño de todo el mundo. ¿O quien no ha deseado alguna vez nacer de nuevo?
Yo cumplía ahora el sueño de muchos, al fin había ocurrido lo que más deseaba.

Sí, mi vida antes de el gran cambio sólo fueron penurias. Nada bueno qué contar, salvo tal vez un par de cosas buenas... no, las malas siempre las superaban.
Hombre blanco, metro sesenta, no muy agraciado, mal trabajo, ¿Será solo mi historia o la de muchos? Pero creí que le había dado fin en la tina, con el cuchillo cartonero, creí que ahí mis sufrimientos terminarian, lo mejor fue que tenía razón.

Por un momento todo oscurecio, pero segundos después yacia en una cama en la que jamás me habia acostado, mirando a un techo que jamás había visto... olía diferente, todo olía a mentas. Pensé en lo agradable que se sentía aquel aroma... lo aspire por un rato antes de levantarme.

Estaba en una habitación estampada en un mural verde con hermosos diseños que simulaban picas, como las de las cartas. Habían muchas fotografías. Un hombre de pelo mielaceo abrazaba a una hermosa chica de ojos celestes palidos como el agua pero dotados de mucha calidez y belleza. Fue entonces cuando advertí el espejo que se encontraba al lado de la comoda de las fotografías.

El hombre de pelo mielaceo era yo, el mismo desgraciado de tan solo un par de horas era el que ahora se miraba en el espejo en el cuerpo de otro hombre.

No intentaré expliar como acabe en el cuerpo de Dan después de mi... intento de suicido, lo único que en ese momento sabía era que era una oportunidad nueva. Tal vez eran exactamente los pasos a seguir para mi nueva vida. Averigue el nombre de Dan urgando en las comodas, era un joven estudiante de derechos ambientales. Podia acostumbrarme a él, incluzo hacer de su cuerpo toda una nueva vida.

Salí de mi casa, era Irlanda... nunca había estado en ese país, de hecho, nunca salí de Nueva York. Pero lo que más me sorprendió es que apenas me disponia a salir sentí de lo lejos los saludos de varios vecinos que me miraban con demasiada simpatía.
Fue entonces cuando camino a una cabina para preguntar en que lugar se encontraba la Universidad de Dan, mí Universidad, divise a la chica de los ojos celestes. Me miró y en su rostro se dibujo una sonrisa brillante como el sol y corrió a saludarme. Yo no supe como actuar cuando me beso, su beso fue extasiante... pero lo terminó rápidamente y me miró con el rostro extrañado.

- ¿Qué ha sido eso? - Fue su primera intervención, no supe que responderle así que me quedé callado. - Estas extraño.

Y qué si decía algo que la hacía sospechar... tal vez esto de "mi nueva oportunidad" no era tan fácil como parecía, pero Dan se veía muy querido, las muestras de cariño no paraban desde que salí de mi casa.

- ¿Vamos a la Universidad juntos? - Le pregunté tratando de sonar bastante formal, cuando las palabras salieron de mi boca me sentí más relajado. No era mi voz.

- Sí tontín... te ha pasado algo, te ves extraño, así como ido...

- No, no... nada, Celeste - Fue el primer nombre que recordé de entre los que vi en los papeles de Dan, esperaba no haberme equivocado.

- Bien, pues vamos llegando tarde así que mejor nos apuramos

Mientras más caminabamos más me iba acostumbrando a Celete, me contaba sus cosas y de paso me informaba de las propias mías. Debía asegurarme de mirar luego en el cuarto de Dan si había algún tipo de Diario para recordarme su vida, sí, de seguro Dan tenía un diario. Parecía de la clase de chicos que tienen un diario.

Ibamos pasando por una calle bastante linda, estaba diseñada de tal manera que me recordaba una calle Parisina que vi una vez en una foto, fue en una esquina donde se erguía un hermosos farol donde una señora contrastaba con todo el lugar. Tenía el pelo blanquecino y enmarañado, su rostro estaba arrugado y vestía ropa bastante vieja y un poco oscura.

- Dan, ¿No vas a saludar a la señora Blanchett? - Celeste me miró y me indicó a la señora de aspecto oscuro. Le hice una seña que esta le devolvió y me dijo mientras se alejaba en la dirección contrario - Ve a decirle algo, yo voy a aprovechar de comprar algo donde el señor McGregor.

Se alejó rápidamente dejandome sin nada más que hacer que asercarme a aquella mujer que jamás había visto, ella refufuñaba algunas palabras intelegibles. Me dirigió la mirada y me espanté... tenía un ojo gris, y el otro totalmente blanco, carente de Iris y Pupila.

Se quedó callada y pensativa, cerro los ojos unos momentos y me miró con una lagrima en los ojos.

- Lo mataste - Me dijo a secas
La miré extrañado, yo no había matado a nadie, si había dañado a alguien alguna vez no había sido a nadie más que a mí mismo. Por que ahora esta señora a la cual jamás había visto, bien... tal vez Dan si la habia visto. Pero aún así por qué me acusaba de asesinato.

A menos que Dan fuese un asesino, ¿Estaba en el cuerpo de un asesino?
Fue cuando mis ojos se posaron exactamente sobre la pupila de la señora cuando vi reflajado a través de ellos la realidad... Jamás me había detenido a pensar qué había pasado con Dan. ¿El también había muerto? ¿Fue un error del destino que mi ser acabase en su cuerpo?

- Lo mataste, lo mataste, ¡Asesino! - Empezó a gritar, gritaba con mucha fuerza... yo intente en vano tratar de calmarla. ¿Qué sabía esta señora?
Celeste regresó corriendo con las bolsas que había comprado y me miró con esepticismo.

- ¿Qué le ha pasado Dan? Nunca la había visto tan alterado, vamos señora Blanchett, cálmese... ¿Traigo a su hijo? - Celeste la consolaba mejor que yo, definitivamente, yo estaba paralizado, intrigado por las palabras de la señora Blanchett.

No fuimos a la Universidad, perdimos la hora y decidimos dar la vuelta. Le insistí a Celeste que no me sentía muy bien y qué prefiria ir a mi casa. Ella me acompañó hasta la puerta y no paraba de contarme cosas de la Señora Blanchett.

En el lindel me miró y antes de besarme para despedirse me dijo.

- No pareces tú hoy Dan, será mejor que duermas un rato -

Cuando entré en la casa, no puedo explicar como, empezé a llorar, a llorar desconsoladamente, a llorar tanto que parecía llanto cargado de rabia.
Me miré en el espejo y me sentí extraño, ¿Era esta vida la que quería?

Busque en Internet mi nombre, mi verdadero nombre... Josh Buckel, una noticia... buscaban familiares, mi cuerpo se encontraba en el hospital peligrando de muerte.

- Maldición, ese es Dan, ¡Ese es Dan! Maldición, qué he hecho - Grité, grité hasta que me quedé dormido.

Me desperté un par de horas después en una sala totalmente nueva. Una gigantesca luz alumbraba el techo blanquecino y mi vista estaba un poco nublada.

- A despertado - Escuché a una mujer de voz suave decir. Luego creí escuchar a mi madre, a mí verdadera madre llorar. Estaba en la Clinica.

Más tarde habría corroborado que mi pequeña incursión en el cuerpo de otro no había sido solo un sueño. Dan Pompe era alguien de verdad, había estado un día en su cuerpo, y el había estado un día en el mío.

Muchas cosas aprendí de ese viaje, que esperaba jamás volver a valorar. La primera era valorar más mi vida, la segunda... qué a veces, hay que comprender que con tus errores, puedes arriesgar algo más que tu propio pellejo.

Design by The Blogger Templates Gorgeous Beaches of Goa

Design by The Blogger Templates